Ante cientos de miles de jóvenes reunidos en la playa de Copacabana, el Arzobispo de Río de Janeiro (Brasil), Mons. Orani Tempesta, presidió la Misa inaugural de la Jornada Mundial de la Juventud Río 2013 (JMJ) e invitó a los peregrinos a “ser protagonistas de un mundo nuevo”. “Somos llamados a ser protagonistas de un mundo nuevo. El mundo necesita de jóvenes como ustedes”, expresó el Prelado durante la Misa que fue precedida por el rezo del Santo Rosario y por el ingreso de un grupo de peregrinos portando la Cruz y el ícono de María Salus Populi Romani, símbolos de la JMJ. Bajo una intensa garúa, Mons. Tempesta dio la bienvenida a los cientos de miles de jóvenes que llegaron a Río y los invitó a tener un encuentro personal con Cristo. Además pidió por la joven francesa que murió el 17 de julio en un accidente de bus cerca de Kourou (Guayana francesa) cuando se dirigía a Brasil para participar en la JMJ. El accidente también dejó cinco heridos graves. En su homilía, el Arzobispo de Río destacó que la JMJ 2013 “estaba destinada a ser el lugar de acogida para el primer viaje del Papa latinoamericano de la historia: el Papa Francisco”. Además, aseguró a los peregrinos que “ustedes están siendo parte de nuestra familia en este momento de nuestra historia”. “En esta semana Río se transforma en el centro de la Iglesia, de una Iglesia joven”, afirmó. Mons. Tempesta también envió un afectuoso saludo al Obispo Emérito de Roma, Benedicto XVI. Ante los obispos y sacerdotes que acompañarán a los peregrinos hasta el 28 de julio, el Prelado llamó a los jóvenes a evangelizar a sus contemporáneos siendo “discípulos de Cristo (…) que nos impulsa a amar” siempre en un diálogo fraterno. El Arzobispo señaló que la respuesta al llamado del Señor debe ser rápida y con alegría. En ese sentido, afirmó que el Año de la Fe “es un tiempo preciso para renovar los compromisos asumidos” como cristianos que se dejan conducir por el Espíritu Santo. “Nuestra Arquidiócesis se siente llamada por Dios para acogerlos a ustedes”, añadió. “No tengan miedo de abrir sus corazones a Cristo”, exhortó el Prelado, que invitó a superar la crisis de valores y las injusticias construyendo puentes en vez de muros. “Hoy existe una revolución de amor”, expresó el Prelado, que llamó a los peregrinos a ser “una generación que vive la fe” y que vive “la solidaridad a partir del amor del Cristo Redentor” “Cristo ha resucitado”, afirmó Mons. Tempesta. Al final de la Eucaristía, el Presidente del Pontificio Consejo para los Laicos, Cardenal Stanislao Rylko dio la bienvenida a los jóvenes y les aseguró que la JMJ serán para ellos días indescriptibles y de descubrimientos, pues Cristo los espera con los brazos abiertos. “Confíen en Él”, invitó el Purpurado.
HIMNO JMJ 2013
martes, 23 de julio de 2013
jueves, 28 de febrero de 2013
LA ORACIÓN: ENCUENTRO CON DIOS Y VIDA PARA EL ALMA
La oración. Si la limosna era
apertura al otro, la oración es apertura a Dios. Sin oración, tanto el ayuno
como la limosna no se sostendrían; caerían por su propio peso. En la oración,
Dios va cambiando nuestro corazón, lo hace más limpio, más comprensivo, más
generoso...en una palabra, va transformando nuestras actitudes negativas y
creando en nosotros un corazón nuevo y lleno de caridad. La oración es
generadora de amor. La oración me induce a conversión interior. La oración es
vigorosa promotora de la acción, es decir, me lleva a hacer obras buenas por
Dios y por el prójimo. En la oración recobramos la fuerza para salir
victoriosos de las asechanzas y tentaciones del mundo y del demonio. Cuaresma,
pues, tiempo fuerte de oración.
LA LIMOSNA
Limosna, dijimos. No sólo la
limosna material, pecuniaria: unas cuantas monedas que damos a un pobre mendigo
en la esquina. La limosna tiene que ir más allá: prestar ayuda a quien necesita,
enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que nos lo pide, compartir alegrías,
repartir sonrisa, ofrecer nuestro perdón a quien nos ha ofendido. La limosna es
esa disponibilidad a compartir todo, la prontitud a darse a sí mismos. Significa
la actitud de apertura y la caridad hacia el otro. Recordemos aquí a san Pablo:
“Si repartiese toda mi hacienda...no teniendo caridad, nada me aprovecha” (1
Corintios 13, 3). También san Agustín es muy elocuente cuando escribe: “Si
extiendes la mano para dar, pero no tienes misericordia en el corazón, no has
hecho nada; en cambio, si tienes misericordia en el corazón, aún cuando no
tuvieses nada que dar con tu mano, Dios acepta tu limosna”.
EL AYUNO
Ayuno no solo de comida y bebida,
que también será agradable a Dios, pues nos servirá para templar nuestro cuerpo,
a veces tan caprichoso y tan regalado, y hacerlo fuerte y pueda así acompañar
al alma en la lucha contra los enemigos de siempre: el mundo, el demonio y
nuestras propias pasiones desordenadas. Ayuno y abstinencia, sobre todo, de
nuestros egoísmos, vanidades, orgullos, odios, perezas, murmuraciones, deseos
malos, venganzas, impurezas, iras, envidias, rencores, injusticias, insensibilidad
ante las miserias del prójimo. Ayuno y abstinencia, incluso, de cosas buenas y
legítimas para reparar nuestros pecados y ofrecerle a Dios un pequeño
sacrificio y un acto de amor; por ejemplo, ayuno de televisión, de diversiones,
de cine, de bailes durante este tiempo de cuaresma. Ayuno y abstinencia, también,
de muchos medios de consumo, de estímulos, de satisfacción de los sentidos; ayuno
aquí significará renunciar a todo lo que alimenta nuestra tendencia a la
curiosidad, a la sensualidad, a la disipación de los sentidos, a la
superficialidad de vida. Este tipo de ayuno es más meritorio a los ojos de Dios
y nos requerirá mucho más esfuerzo, más dominio de nosotros mismos, más amor y
voluntad de nuestra parte.
CUARESMA: TIEMPO DE ESCUCHA PARA RECREAR LA VIDA CON LA PALABRA DE DIOS
LA CUARESMA
El tiempo de la Cuaresma rememora
los cuarenta años que el pueblo de Israel pasó en el desierto mientras se
encaminaba hacia la tierra prometida, con todo lo que implicó de fatiga, lucha,
hambre, sed y cansancio...pero al fin el pueblo elegido gozó de esa tierra
maravillosa, que destilaba miel y frutos suculentos (Éxodo 16 y siguientes).
La Cuaresma ha sido, es y será un
tiempo favorable para convertirnos y volver a Dios Padre lleno de misericordia,
si es que nos hubiéramos alejado de Él, como aquel hijo pródigo (Lucas 15, 11-32)
que se fue de la casa del padre y le ofendió con una vida indigna y
desenfrenada. Esta conversión se logra mediante una buena confesión de nuestros
pecados. Dios siempre tiene las puertas de casa abiertas de par en par, y su
corazón se le rompe en pedazos mientras no comparta con nosotros su amor hecho
perdón generoso. ¡Ojalá fueran muchos los pecadores que valientemente volvieran
a Dios en esta Cuaresma para que una vez más experimentaran el calor y el
cariño de su Padre Dios!
Si tenemos la gracia de seguir
felices en la casa paterna como hijos y amigos de Dios, la Cuaresma será
entonces un tiempo apropiado para purificarnos de nuestras faltas y pecados
pasados y presentes que han herido el amor de ese Dios Padre; esta purificación
la lograremos mediante unas prácticas recomendadas por nuestra madre Iglesia; así
llegaremos preparados y limpios interiormente para vivir espiritualmente la
Semana Santa, con todo la profundidad, veneración y respeto que merece. Estas
prácticas son el ayuno, la oración y la limosna.
domingo, 6 de enero de 2013
EPIFANÍA " DIOS SE MANIFIESTA A TODA LA HUMANIDAD POR AMOR"
Hoy, 6 de enero, celebramos la Solemnidad de la Epifanía del Señor. Epifanía significa "manifestación". Jesús se da a conocer.
Toma unos minutos para recapacitar en su significado y sus implicaciones, para ti, para mi, para todos los bautizados.
La Iglesia celebra la Epifanía para recordar la Manifestación del Señor a todos los hombres con el relato de los Magos de Oriente que nos narra el Evangelio de hoy (Mt 2, 1-12). Aquellos hombres que buscaban ansiosamente simbolizan la sed que tienen los pueblos que todavía no conocen a Jesús. La Epifanía, en este sentido, además de ser un recuerdo, es sobre todo un misterio actual, que viene a sacudir la conciencia de los cristianos dormidos. Para la Iglesia, muy especialmente en este Año de la Fe, la Epifanía constituye un reto misional: o trabaja generosa e inteligentemente para manifestar a Cristo al mundo, o traiciona su misión. La tarea esencial e ineludible de la Iglesia es trabajar para llevar a Cristo a todos aquellos que no lo conocen, o a los que su fe no es coherente con su vida.. La llegada de los magos, que no pertenecen al pueblo elegido, nos revela la vocación universal de la fe. Todos los pueblos son llamados a reconocer al Señor para vivir conforme a su mensaje y alcanzar la salvación.
La Epifanía es una de las fiestas litúrgicas más antiguas, más aún que la misma Navidad.
La fiesta de la Epifanía tiene su origen en la Iglesia de Oriente. A diferencia de Europa, el 6 de enero tanto en Egipto como en Arabia se celebraba el solsticio, festejando al sol victorioso con evocaciones míticas muy antiguas. Epifanio explica que los paganos celebraban el solsticio invernal y el aumento de la luz a los trece días de haberse dado este cambio. Cosme de Jerusalén cuenta que los paganos celebraban una fiesta mucho antes que los cristianos con ritos nocturnos en los que gritaban: "la virgen ha dado a luz, la luz crece".
Hasta el siglo IV la Iglesia comenzó a celebrar en este día la Epifanía del Señor. Al igual que la fiesta de Navidad en occidente, la Epifanía nace contemporáneamente en Oriente como respuesta de la Iglesia a la celebración solar pagana que tratan de sustituir. Así se explica que la Epifanía se llama en oriente: Hagia phota, es decir, la santa luz.
Aunque Jesús se dio a conocer en diferentes momentos a diferentes personas, la Iglesia celebra como epifanías tres eventos: Su Epifanía ante los Reyes Magos, su Epifanía a San Juan Bautista en el Jordán y su Epifanía a sus discípulos y comienzo de su vida pública con el milagro en Caná. Para los occidentales, que, como queda dicho más arriba, aceptaron la fiesta alrededor del año 400, la Epifanía es popularmente el día de los reyes magos. En la antífona de entrada de la misa correspondiente a esta solemnidad se canta: "Mirad que llega el Señor del señorío; en sus manos está el reino y la potestad y el imperio". El verdadero rey que debemos contemplar en esta festividad es el pequeño Jesús. Las oraciones litúrgicas se refieren a la estrella que condujo a los magos junto al Niño Divino, al que buscaban para adorarlo.
Precisamente en esta adoración han visto los santos padres la aceptación de la divinidad de Jesucristo por parte de los pueblos paganos. Los magos supieron utilizar sus conocimientos-en su caso, la astronomía de su tiempo- para descubrir al Salvador, prometido por medio de Israel, a todos los hombres.
A Melchor, Gaspar y Baltasar -nombres que les ha atribuido la leyenda, considerándolos tres por ser triple el don presentado, según el texto evangélico -puede llamárselos adecuadamente peregrinos de la estrella. Los orientales llamaban magos a sus doctores; en lengua persa, mago significa "sacerdote". La tradición, más tarde, ha dado a estos personajes el título de reyes, como buscando destacar más aún la solemnidad del episodio que, en sí mismo, es humilde y sencillo. Esta atribución de realeza a los visitantes ha sido apoyada ocasionalmente en numerosos pasajes de la Escritura que describen el homenaje que el Mesías de Israel recibe por parte de los reyes extranjeros.
La Epifanía, como lo expresa la liturgia, anticipa nuestra participación en la gloria de la inmortalidad de Cristo manifestada en una naturaleza mortal como la nuestra. Es, pues, una fiesta de esperanza que prolonga la luz de Navidad.
Esta solemnidad debería ser muy especialmente observada por los pueblos que, como el nuestro, no pertenecen a Israel según la sangre. En los tiempos antiguos, sólo los profetas, inspirados por Dios mismo, llegaron a vislumbrar el estupendo designio del Señor: salvar a la humanidad entera, y no exclusivamente al pueblo elegido.
Con conciencia siempre creciente de la misericordia del Señor, construyamos desde hoy nuestra espiritualidad personal y comunitaria en la tolerancia y la comprensión de los que son distintos en su conducta religiosa, o proceden de pueblos y culturas diferentes a los nuestros. Las diversas culturas están llamadas a encarnar el evangelio de Cristo, según su genio propio, no a sustituirlo, pues es único, original y eterno.
Cada año los cristianos celebramos la Epifanía. Dios se nos da, pequeño e impotente, sobre un pesebre o en manos de su Madre, María. Se nos da como Salvador, como Amor, como camino de vida, a todos sin excepción. ¿Qué ofrece, en cambio, el mundo al Salvador? ¿Qué le ofrecemos nosotros, cada uno de nosotros? ¿Tiene el mundo un poco más de paz que ofrecer a quien es llamado el "príncipe de la paz"? ¿Tiene el mundo algo más de solidaridad para con los más necesitados, sean individuos o naciones, para ofrecer a quien quiso hacerse en todo solidario con los hombres, menos en el pecado? ¿Ofrece el mundo más pan a los que tienen hambre, más medicinas a los que están enfermos, más ayuda para la educación a quienes no tienen posibilidades, sabiendo que "cuando lo hicisteis con uno de estos mis hermanos más pequeños conmigo lo hicisteis"? ¿Cuenta el mundo con más verdad, más honestidad, con más justicia para quien es la Verdad, para quien es el Justo por excelencia? El mundo, cada nuevo año, puede ofrecer muchas cosas buenas a Dios. Cada uno de nosotros es parte de ese mundo, y puede y debe contribuir para ofrecer "algo" a Dios.
Oremos
Señor, tu que manifestaste a tu Hijo es este día a todas las naciones por medio de una estrella, concédenos, a los que ya te conocemos por la fe, llegar a contemplar, cara a cara, la hermosura infinita de tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Amén
Reyes que venís por ellas,
no busquéis estrellas ya,
porque donde el sol está
no tienen luz las estrellas.
Mirando sus luces bellas,
no sigáis la vuestra ya,
porque donde el sol está
no tienen luz las estrellas.
Aquí parad, que aquí está
quien luz a los cielos da:
Dios es el puerto más cierto,
si habéis hallado puerto
no busquéis estrellas ya.
No busquéis la estrella ahora:
que su luz ha oscurecido
este Sol recién nacido
en esta Virgen Aurora.
Ya no hallaréis luz en ellas,
el Niño os alumbra ya,
porque donde el sol está
no tienen luz las estrellas.
Aunque eclipsarse pretende,
no reparéis en su llanto,
porque nunca llueve tanto
como cuando el sol se enciende.
Aquellas lágrimas bellas
la estrella oscurecen ya,
porque donde el sol está
no tienen luz las estrellas. Amén
Toma unos minutos para recapacitar en su significado y sus implicaciones, para ti, para mi, para todos los bautizados.
La Iglesia celebra la Epifanía para recordar la Manifestación del Señor a todos los hombres con el relato de los Magos de Oriente que nos narra el Evangelio de hoy (Mt 2, 1-12). Aquellos hombres que buscaban ansiosamente simbolizan la sed que tienen los pueblos que todavía no conocen a Jesús. La Epifanía, en este sentido, además de ser un recuerdo, es sobre todo un misterio actual, que viene a sacudir la conciencia de los cristianos dormidos. Para la Iglesia, muy especialmente en este Año de la Fe, la Epifanía constituye un reto misional: o trabaja generosa e inteligentemente para manifestar a Cristo al mundo, o traiciona su misión. La tarea esencial e ineludible de la Iglesia es trabajar para llevar a Cristo a todos aquellos que no lo conocen, o a los que su fe no es coherente con su vida.. La llegada de los magos, que no pertenecen al pueblo elegido, nos revela la vocación universal de la fe. Todos los pueblos son llamados a reconocer al Señor para vivir conforme a su mensaje y alcanzar la salvación.
La Epifanía es una de las fiestas litúrgicas más antiguas, más aún que la misma Navidad.
La fiesta de la Epifanía tiene su origen en la Iglesia de Oriente. A diferencia de Europa, el 6 de enero tanto en Egipto como en Arabia se celebraba el solsticio, festejando al sol victorioso con evocaciones míticas muy antiguas. Epifanio explica que los paganos celebraban el solsticio invernal y el aumento de la luz a los trece días de haberse dado este cambio. Cosme de Jerusalén cuenta que los paganos celebraban una fiesta mucho antes que los cristianos con ritos nocturnos en los que gritaban: "la virgen ha dado a luz, la luz crece".
Hasta el siglo IV la Iglesia comenzó a celebrar en este día la Epifanía del Señor. Al igual que la fiesta de Navidad en occidente, la Epifanía nace contemporáneamente en Oriente como respuesta de la Iglesia a la celebración solar pagana que tratan de sustituir. Así se explica que la Epifanía se llama en oriente: Hagia phota, es decir, la santa luz.
Aunque Jesús se dio a conocer en diferentes momentos a diferentes personas, la Iglesia celebra como epifanías tres eventos: Su Epifanía ante los Reyes Magos, su Epifanía a San Juan Bautista en el Jordán y su Epifanía a sus discípulos y comienzo de su vida pública con el milagro en Caná. Para los occidentales, que, como queda dicho más arriba, aceptaron la fiesta alrededor del año 400, la Epifanía es popularmente el día de los reyes magos. En la antífona de entrada de la misa correspondiente a esta solemnidad se canta: "Mirad que llega el Señor del señorío; en sus manos está el reino y la potestad y el imperio". El verdadero rey que debemos contemplar en esta festividad es el pequeño Jesús. Las oraciones litúrgicas se refieren a la estrella que condujo a los magos junto al Niño Divino, al que buscaban para adorarlo.
Precisamente en esta adoración han visto los santos padres la aceptación de la divinidad de Jesucristo por parte de los pueblos paganos. Los magos supieron utilizar sus conocimientos-en su caso, la astronomía de su tiempo- para descubrir al Salvador, prometido por medio de Israel, a todos los hombres.
A Melchor, Gaspar y Baltasar -nombres que les ha atribuido la leyenda, considerándolos tres por ser triple el don presentado, según el texto evangélico -puede llamárselos adecuadamente peregrinos de la estrella. Los orientales llamaban magos a sus doctores; en lengua persa, mago significa "sacerdote". La tradición, más tarde, ha dado a estos personajes el título de reyes, como buscando destacar más aún la solemnidad del episodio que, en sí mismo, es humilde y sencillo. Esta atribución de realeza a los visitantes ha sido apoyada ocasionalmente en numerosos pasajes de la Escritura que describen el homenaje que el Mesías de Israel recibe por parte de los reyes extranjeros.
La Epifanía, como lo expresa la liturgia, anticipa nuestra participación en la gloria de la inmortalidad de Cristo manifestada en una naturaleza mortal como la nuestra. Es, pues, una fiesta de esperanza que prolonga la luz de Navidad.
Esta solemnidad debería ser muy especialmente observada por los pueblos que, como el nuestro, no pertenecen a Israel según la sangre. En los tiempos antiguos, sólo los profetas, inspirados por Dios mismo, llegaron a vislumbrar el estupendo designio del Señor: salvar a la humanidad entera, y no exclusivamente al pueblo elegido.
Con conciencia siempre creciente de la misericordia del Señor, construyamos desde hoy nuestra espiritualidad personal y comunitaria en la tolerancia y la comprensión de los que son distintos en su conducta religiosa, o proceden de pueblos y culturas diferentes a los nuestros. Las diversas culturas están llamadas a encarnar el evangelio de Cristo, según su genio propio, no a sustituirlo, pues es único, original y eterno.
Cada año los cristianos celebramos la Epifanía. Dios se nos da, pequeño e impotente, sobre un pesebre o en manos de su Madre, María. Se nos da como Salvador, como Amor, como camino de vida, a todos sin excepción. ¿Qué ofrece, en cambio, el mundo al Salvador? ¿Qué le ofrecemos nosotros, cada uno de nosotros? ¿Tiene el mundo un poco más de paz que ofrecer a quien es llamado el "príncipe de la paz"? ¿Tiene el mundo algo más de solidaridad para con los más necesitados, sean individuos o naciones, para ofrecer a quien quiso hacerse en todo solidario con los hombres, menos en el pecado? ¿Ofrece el mundo más pan a los que tienen hambre, más medicinas a los que están enfermos, más ayuda para la educación a quienes no tienen posibilidades, sabiendo que "cuando lo hicisteis con uno de estos mis hermanos más pequeños conmigo lo hicisteis"? ¿Cuenta el mundo con más verdad, más honestidad, con más justicia para quien es la Verdad, para quien es el Justo por excelencia? El mundo, cada nuevo año, puede ofrecer muchas cosas buenas a Dios. Cada uno de nosotros es parte de ese mundo, y puede y debe contribuir para ofrecer "algo" a Dios.
Oremos
Señor, tu que manifestaste a tu Hijo es este día a todas las naciones por medio de una estrella, concédenos, a los que ya te conocemos por la fe, llegar a contemplar, cara a cara, la hermosura infinita de tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Amén
Reyes que venís por ellas,
no busquéis estrellas ya,
porque donde el sol está
no tienen luz las estrellas.
Mirando sus luces bellas,
no sigáis la vuestra ya,
porque donde el sol está
no tienen luz las estrellas.
Aquí parad, que aquí está
quien luz a los cielos da:
Dios es el puerto más cierto,
si habéis hallado puerto
no busquéis estrellas ya.
No busquéis la estrella ahora:
que su luz ha oscurecido
este Sol recién nacido
en esta Virgen Aurora.
Ya no hallaréis luz en ellas,
el Niño os alumbra ya,
porque donde el sol está
no tienen luz las estrellas.
Aunque eclipsarse pretende,
no reparéis en su llanto,
porque nunca llueve tanto
como cuando el sol se enciende.
Aquellas lágrimas bellas
la estrella oscurecen ya,
porque donde el sol está
no tienen luz las estrellas. Amén
La Iglesia
celebra como epifanías tres eventos:
Su Epifanía ante
los Reyes Magos (Mt
2, 1-12)
Su Epifanía a San Juan
Bautista en el Jordán
Su Epifanía a sus discípulos
y comienzo de Su vida pública con el milagro en Caná.
La Epifanía que más
celebramos en la Navidad es la primera.
La fiesta de la Epifanía tiene
su origen en la Iglesia de Oriente. A diferencia de Europa, el 6 de
enero tanto en Egipto como en Arabia se celebraba el solsticio, festejando
al sol victorioso con evocaciones míticas muy antiguas. Epifanio
explica que los paganos celebraban el solsticio invernal y el aumento
de la luz a los trece días de haberse dado este cambio; nos
dice además que los paganos hacían una fiesta significativa
y suntuosa en el templo de Coré. Cosme de Jerusalén
cuenta que los paganos celebraban una fiesta mucho antes que los cristianos
con ritos nocturnos en los que gritaban: "la virgen ha dado a luz,
la luz crece".
Entre los años 120 y 140 AD los
gnósticos trataron de cristianizar estos festejos celebrando
el bautismo de Jesús. Siguiendo la creencia gnóstica,
los cristianos de Basílides celebraban la Encarnación
del Verbo en la humanidad de Jesús cuando fue bautizado. Epifanio
trata de darles un sentido cristiano al decir que Cristo demuestra
así ser la verdadera luz y los cristianos celebran su nacimiento.
Hasta el siglo IV la Iglesia comenzó
a celebrar en este día la Epifanía del Señor.
Al igual que la fiesta de Navidad en occidente, la Epifanía
nace contemporáneamente en Oriente como respuesta de la Iglesia
a la celebración solar pagana que tratan de sustituir. Así
se explica que la Epifanía se llama en oriente: Hagia phota,
es decir, la santa luz.
Esta fiesta nacida en Oriente ya se celebraba
en la Galia a mediados del s IV donde se encuentran vestigios de haber
sido una gran fiesta para el año 361 AD. La celebración
de esta fiesta es ligeramente posterior a la de Navidad.
Los Reyes Magos
Mientras en Oriente la Epifanía
es la fiesta de la Encarnación, en Occidente se celebra con
esta fiesta la revelación de Jesús al mundo pagano,
la verdadera Epifanía. La celebración gira en torno
a la adoración a la que fue sujeto el Niño Jesús
por parte de los tres Reyes Magos (Mt 2 1-12) como símbolo del reconocimiento del mundo pagano
de que Cristo es el salvador de toda la humanidad.
De acuerdo a la tradición de la
Iglesia del siglo I, se relaciona a estos magos como hombres poderosos
y sabios, posiblemente reyes de naciones al oriente del Mediterráneo,
hombres que por su cultura y espiritualidad cultivaban su conocimiento
de hombre y de la naturaleza esforzándose especialmente por
mantener un contacto con Dios. Del pasaje bíblico sabemos que
son magos, que vinieron de Oriente y que como regalo trajeron incienso,
oro y mirra; de la tradición de los primeros siglos se nos
dice que fueron tres reyes sabios: Melchor, Gaspar y Baltazar. Hasta
el año de 474 AD sus restos estuvieron en Constantinopla, la
capital cristiana más importante en Oriente; luego fueron trasladados
a la catedral de Milán (Italia) y en 1164 fueron trasladados
a la ciudad de Colonia (Alemania), donde permanecen hasta nuestros
días.
El hacer regalos a los niños el
día 6 de enero corresponde a la conmemoración de la
generosidad que estos magos tuvieron al adorar al Niño Jesús
y hacerle regalos tomando en cuenta que "lo que hiciereis con uno
de estos pequeños, a mi me lo hacéis" (Mt. 25, 40);
a los niños haciéndoles vivir hermosa y delicadamente
la fantasía del acontecimiento y a los mayores como muestra
de amor y fe a Cristo recién nacido.
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